lunes, 20 de julio de 2015

Devarim

En el comienzo del último libro de la Torá se hace una comparación con nuestro pueblo. “Dios su Señor ha acrecentado sus números hasta que son [ahora] tantos como las estrellas del cielo.” (Devarim 1:10).

Si bien sabemos que el número de estrellas es infinito pero lo que el texto nos quiere enseñar es que cada judío brilla con luz propia. Así también como se dice que cada estrella es el centro de una galaxia nosotros somos el centro de nuestro propio mundo. Al formar nuestras familias les damos nuestra luz como una estrella.

Y al ser estrellas estamos inmersos en el universo que lo representa Dios.

No sabemos si puede haber un universo sin estrellas pero es seguro que no puede haber estrellas sin universo. No podríamos existir sin la presencia de Dios.

Y si ahondamos más profundo las estrellas se encuentran separadas pero vistas desde lejos forman constelaciones. Las constelaciones podrían representar nuestras kehilot.

Y se encuentran separadas como estamos nosotros dispersos en el mundo.

No es en vano esta comparación como tampoco otras que ha habido en los libros anteriores donde hemos sido como la arena del mar.

¿Era necesario hacer las comparaciones?

Si Dios nos hubiera entregado la Torá con un texto de manera sencilla seríamos unos tontos que repetiríamos de memoria cada pasuk. La mejor manera de entender sus palabras es por medio de la comparación.

¿Por qué?

Porque no necesitamos intermediarios para comprenderlas. En el judaísmo la relación del hombre con Dios es de manera directa. Por eso la comprensión de la Torá es subjetiva, por eso la comparación: para que podamos tener una idea en nuestra mente de lo que el texto quiere mostrar. Para que brillemos con luz propia al intentar entender las palabras.

Por eso Dios no nos dice “van a ser un pueblo numeroso de tanta cantidad de habitantes”. Al contrario nos enfoca en las estrellas porque para cada uno tiene un número distinto.

Pero ese número resulta anecdótico siempre y cuando podamos seguir brillando porque con ese brillo que Dios nos dio podemos y debemos seguir siendo la luz para las naciones del mundo.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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