Hay tres aspectos importantes sobre el texto de esta semana
que bien podrían por separado una implicancia importantísima pero juntos forman
una estructura cuya sumatoria es mucho mayor que la adición de sus conceptos.
El primero de ellos
corresponde a la interpretación y/o cumplimiento de las mitzvot. “No hagan adiciones a la palabra que les
estoy ordenando, y no hagan de ella sustracciones” (Devarim 4:2).
¿Por
qué es tan importante hacerlo así? Porque de lo contrario estaríamos desafiando
la perfección de la palabra de Dios. Si le restamos palabras significa que
menospreciamos lo que Él nos ordenó y si adicionamos implica que los preceptos
estaban incompletos.
Para
poder entender esto y salvando las distancias que esta comparación implica
sería el caso de tener una receta de cocina. Si le ponemos menos ingredientes
seguramente será de menor calidad e inclusive diferente. Si le agregamos algo
más perderá la esencia de lo
que queríamos hacer.
Ahora
bien para complementar lo mencionado anteriormente entendamos a las mitzvot
como la receta para nuestra vida.
El
segundo aspecto que tenemos es la repetición de los Diez Mandamientos. Pero no
son iguales a los originales mencionados en la Parashá Itró sino que contiene
modificaciones debido a quienes son los receptores.
Una
de ellas es “Observa el Shabat para mantenerlo santo, como Dios tu Señor te
ordenó” (Devarim 5:12) cuando antes era “Recuerda el Shabat para mantenerlo santo”
(Itró 20:8).
¿A
qué se debe esta diferenciación? La mención en Itró sobre recordar el Shabat se
refiere a que el Pueblo venía de la esclavitud de Egipto donde no existía el
descanso y eran obligados a trabajar los siete días de la semana. Ahora,
cuarenta años más tarde, donde el Shabat ya estaba instaurado se le pide al
Pueblo que lo observe. Seguramente si Dios hubiera repetido el pasuk nadie
hubiera objetado pero si decidió cambiar la palabra debemos aceptarlo.
Otro
agregado fue la prohibición de
codiciar el campo de nuestro prójimo. ¿Por qué en Itró no se menciona el campo?
Porque en el desierto no hay campos y Dios sabía que quienes escuchaban sus
palabras entonces no entrarían a la Tierra de Israel. De esto se desprende que
Dios no nos da falsas expectativas.
El
Pueblo que escuchó el pedido de no codiciar el campo era el que tenía ya
repartida la Tierra de Canaán. Ahí sí había campos. Ahí sí se podía codiciar
por eso Dios lo prohíbe expresamente.
Y
volviendo al primer aspecto de esta Parashá nosotros no podemos agregar ni
quitar nada de las mitzvot pero Dios sí. Quitar sabemos que no lo hace pero acá
tenemos un ejemplo con el campo de un agregado. Las mitzvot son suyas y sólo Él
puede decirnos como quiere que las cumplamos y qué palabra son las justas y
necesarias para comprenderlas y cumplirlas.
Una
vez comprendidos los dos aspectos anteriores podemos pasar al tercero que es son
las palabras más fuertes que todo judío pronuncia: “Escucha, Israel, Dios es
nuestro Señor, Dios es Único” (Devarim 6:4).
Pasamos
a entender casi palabra por palabra. La primera es “escucha”. No nos dice que
lo oigamos. Escuchar es prestar atención a lo que se oye. Luego viene “Israel”.
¿Por qué Israel y no Pueblo de Israel? Porque cada uno de nosotros debemos
sentirnos como únicos, como si Dios hubiera creado el mundo sólo para nosotros
y porque si una persona del Pueblo no quisiera escucharlo, la mitzva quedaría
sin realizarse. “Dios es nuestro Señor”. Nosotros estamos aquí gracias a Su
voluntad. Nosotros nos debemos a Él. “Dios es Único”. La indivisibilidad de
Dios es el rasgo fundamental del judaísmo. Aceptar a Dios como único aleja toda
forma de idolatría.
Y
se nos ordena enseñarle el Shemá a nuestros hijos. ¿Por qué esta tan
importante? En nuestros tiempos, cuando la tecnología parece gobernar al mundo,
donde la interacción entre las personas se limita a la comunicación por medios
electrónicos, que padres e hijos se junten para recitarlo es una interacción
tan poderosa como la creación misma del mundo.
El
Shemá debemos recitarlos al anochecer y al amanecer. ¿No es mucho dos veces? Lo
hacemos al anochecer para recordar que todo lo que hicimos fue gracias a Él y
al amanecer le agrademos por habernos dado otro día más de vida.
No
nos cuesta nada ser agradecidos.
Empieza
hoy mismo a recitarlo y serás partícipe de una experiencia única.
No
te lo pierdas.
Shabat
Shalom
Lucas
Fisbein
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