lunes, 13 de julio de 2015

Matot-Masei

¿Cuántas veces reprendemos a nuestros semejantes y no medimos las consecuencias de nuestras palabras? ¿Resulta necesario hacerlo en público o en privado es mejor?

Dependiendo de las respuestas sabremos si somos un líder o simplemente un jefe con poder.

Si no medimos nuestras consecuencias y reprendemos como locos ante la mirada de todos somos un jefe con poder. Pero un jefe débil que tiene que rebajar a otra persona para hacernos creer que tiene la autoestima elevada.

Moshé hace todo lo contrario. Va a recibir a los generales y capitanes fuera del campamento para que el resto del pueblo no escuchar lo que él tenía que decirles.

Moshé estaba sumamente enojado con la actitud de los militares pero él era un líder, no tenía que demostrar poder. Su poder estaba legitimado por el mismo pueblo. Él había nacido líder y sabía como proceder.

Lo común es no actuar como Moshé, es decir no nacemos como líder sino que nos hacemos creer que somos líder. En la mayoría de los casos sentimos que las situaciones nos superan y para demostrarnos que somos superiores a la adversidad castigamos sin medida a nuestros semejantes.

Y eso es lo que son: semejantes. Tienen las mismas virtudes y falencias que nosotros. Así como nosotros cometemos errores ellos también pueden hacerlo.

Entonces hagamos un paralelismo y miremos como sería si fuera al revés. ¿Nos gustaría a nosotros ser avergonzados en público por un error, involuntario o no?

¿No sería más fácil si nos llamaran a un costado y nos reprendieran en vez de hacerlo delante de todos? Seguramente nos sentiríamos mal porque a nadie le gusta que lo reten pero nos sentiríamos peor si encima lo hacen delante del resto.

Y nosotros somos como Moshé para nuestros hijos. Los lideramos por el desierto de sus primeros años de vida para que al alcanzar su madurez ingresen en su Tierra Prometida. Y como son chicos cometen errores. Y la forma en que se lo decimos nos va a confirmar que tan líderes podemos ser para ellos.

Las reprimendas de la vida son como las de Moshé. El castigo que tenemos por nuestros errores son comunicados en secreto. Nadie más los escucha. Está en nosotros aprender de ellos.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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