miércoles, 5 de junio de 2019

Bamidbar 5779


Esta semana leemos “Éstas son las crónicas de Aarón y Moshé en el día que D´s le habló a Moshé en el Monte Sinaí:” (Númerors 3:1) y continua con “Éstos son los nombres de los hijos de Aarón:” (Números 3:2).

¿Por qué no menciona a los hijos de Moshé también?

Rashi interpreta que al ser alumnos de Moshé, sus sobrinos, son considerados como sus hijos. Se dice que quien enseña Torá al hijo de otra persona es como si realmente fuera un hijo legítimo.

En ninguna parte la Torá menciona que Gershom y Eliezer quieran aprender o estudiar la ley judía.

Educar a una persona es transmitirle parte de nuestro ser, nuestro ADN intelectual. Como cuando tenemos un hijo le transmitimos nuestros genes, cuando le enseñamos algo le estamos dando parte de nuestros pensamientos.

Y debemos ser cuidadosos al enseñar ya que si nuestros alumnos no interpretan las enseñanzas pueden cometer errores. Se nos dice que “Nadav y Avihú murieron delante de D´s cuando ofrecieron un fuego no autorizado a D´s en el desierto de Sinaí.” (Números 3:4).

¿Pero alguien nos explica antes acaso si les fueron transmitidas las costumbres de cómo ofrecer fuego que sea autorizado por D´s? Incluso hay quienes afirman que entraron al Kodesh Hakodashim. Es decir, tenían el fuego de su fe, pero no estaba bien a los ojos de D´s.

Tengamos en cuenta que no existe enseñar algo de manera objetiva, sino que está influenciado por quien transmite esa enseñanza. Por lo tanto, debemos ser cuidadosos en la forma en que compartimos nuestros conocimientos ya que nuestros hijos pueden llevarse un concepto equivocado de lo que queremos enseñar.

Además, está la forma en que uno siente que lo enseña. Si uno transmite conocimientos por obligación como aquel que dicta un curso sólo por el hecho de estar obligado a hacerlo, el conocimiento de sus “hijos” será estéril y su interés por profundizar los temas será nulo.

En cambio, quien lo hace con vocación y poniendo el corazón en cada nueva enseñanza despertará en sus alumnos la pasión por seguir profundizando lo que aprendieron.

Eso fue lo que Moshé logro con los hijos de Aaron.

Y es lo que debemos lograr con nuestros hijos. Lo que le transmitimos, lo que va a quedar de nosotros cuando ya no estemos, debe ser entregado con el mismo amor con el que D´s nos entregó la Torá.

Moshé fue el primer maestro de Torá y tuvo la ardua tarea de transmitir tanto la escrita como la oral. La pasión con la que lo hizo es la misma que debemos tener nosotros para nuestros hijos. Y como bien en el texto queda reflejado: no solo a nuestros hijos de sangre sino a todo aquel que quiera sumarse a aprender lo mucho que tenemos por enseñar.

Tanto el conocimiento como los alumnos son ilimitados. Muchas veces lo que faltan son maestros.

Si te sentís capacitado, sé maestro, no pierdas el tiempo. El momento es ahora y la Torá nuestra guía.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

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