Esta semana leemos “Éstas son las crónicas
de Aarón y Moshé en el día que D´s le habló a Moshé en el Monte Sinaí:”
(Númerors 3:1) y continua con “Éstos son los nombres de los hijos de Aarón:”
(Números 3:2).
¿Por qué no menciona a los hijos de Moshé también?
Rashi interpreta que al ser alumnos de Moshé, sus
sobrinos, son considerados como sus hijos. Se dice que quien enseña Torá al
hijo de otra persona es como si realmente fuera un hijo legítimo.
En ninguna parte la Torá menciona que Gershom y
Eliezer quieran aprender o estudiar la ley judía.
Educar a una persona es transmitirle parte de
nuestro ser, nuestro ADN intelectual. Como cuando tenemos un hijo le
transmitimos nuestros genes, cuando le enseñamos algo le estamos dando parte de
nuestros pensamientos.
Y debemos ser cuidadosos al enseñar ya que si
nuestros alumnos no interpretan las enseñanzas pueden cometer errores. Se nos
dice que “Nadav y Avihú murieron delante de D´s cuando
ofrecieron un fuego no autorizado a D´s en el desierto de Sinaí.”
(Números 3:4).
¿Pero alguien nos
explica antes acaso si les fueron transmitidas las costumbres de cómo ofrecer
fuego que sea autorizado por D´s? Incluso hay quienes afirman que entraron al Kodesh
Hakodashim. Es decir, tenían el fuego de su fe, pero no estaba bien a los ojos
de D´s.
Tengamos en cuenta que no existe enseñar algo de
manera objetiva, sino que está influenciado por quien transmite esa enseñanza.
Por lo tanto, debemos ser cuidadosos en la forma en que compartimos nuestros
conocimientos ya que nuestros hijos pueden llevarse un concepto equivocado de
lo que queremos enseñar.
Además, está la forma en que uno siente que lo
enseña. Si uno transmite conocimientos por obligación como aquel que dicta un
curso sólo por el hecho de estar obligado a hacerlo, el conocimiento de sus
“hijos” será estéril y su interés por profundizar los temas será nulo.
En cambio, quien lo hace con vocación y poniendo el
corazón en cada nueva enseñanza despertará en sus alumnos la pasión por seguir
profundizando lo que aprendieron.
Eso fue lo que Moshé logro con los hijos de Aaron.
Y es lo que debemos lograr con nuestros hijos. Lo
que le transmitimos, lo que va a quedar de nosotros cuando ya no estemos, debe
ser entregado con el mismo amor con el que D´s nos entregó la Torá.
Moshé fue el primer maestro de Torá y tuvo la ardua
tarea de transmitir tanto la escrita como la oral. La pasión con la que lo hizo
es la misma que debemos tener nosotros para nuestros hijos. Y como bien en el
texto queda reflejado: no solo a nuestros hijos de sangre sino a todo aquel que
quiera sumarse a aprender lo mucho que tenemos por enseñar.
Tanto el conocimiento como los alumnos son
ilimitados. Muchas veces lo que faltan son maestros.
Si te sentís capacitado, sé maestro, no pierdas el
tiempo. El momento es ahora y la Torá nuestra guía.
Shabbat Shalom
Lucas Fisbein
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