Aparece por primera vez el enemigo invisible de nuestro pueblo: la asimilación. Cuando Abraham le pide a su sirviente que busque para su hijo entre las mujeres de su tierra natal lo que quiere decir es que busque alguien con su mismo origen. Alguien que tenga “algo en común” con su pasado.
¿Qué hubiera pasado si Itzjak hubiera contraído matrimonio con una cananea
en vez de Rivka? ¿Hubiéramos recibido la Torá en el Sinaí u otra hubiera sido
la historia? ¿Se hubiera corrompido el hijo de Abraham y abandonado la senda de
D´s?
Siempre aspiramos que nuestros hijos sigan la senda de nuestra fé pero ¿qué
ocurre si no es así? ¿les quitamos la herencia? ¿los exiliamos de nuestra familia?
Seguramente nuestro primer impulso sería ese pero ¿está bien? ¿Somos acaso
responsables por las acciones de nuestros hijos? En estos días se ha atacado
despiadadamente a un dirigente de la comunidad por la conducta deshonrosa de su
hijo. ¿Qué culpa tiene que su hijo sea abiertamente anti israelí?
Tal la respuesta podría ser en que no le buscó una Rivka.
No somos responsables por las conductas de nuestros hijos, pero sí lo somos
por enseñarles el camino de lo que consideramos correcto.
Desde los tiempos de Abraham la asimilación ha hecho estragos dentro de
nuestro pueblo. Y por asimilación no me refiero a formar pareja con alguien de
otra fé sino al acto posterior de abandonar nuestras creencias para complacer a
la pareja o inclusive a su familia. Cuántos han abandonado la senda de las mitzvot
por lo que creían que era el amor. Si uno ama debe dejar que la otra persona sea,
no imponerle una fé distinta.
Jaie Sara nos invita a reflexionar sobre lo que somos, lo que queremos para
nuestros hijos, y la satisfacción de saber que Sara tiene muchas vidas en la
continuidad de los hogares judíos.
Quiera D´s que este Shabat nos haga recapacitar sobre nuestros valores,
sobre qué enseñarle a nuestros hijos y por sobre todas las cosas que encuentren
una Rivka.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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