“Los hijos de Aarón, Nadav y Avihú, tomaron cada uno su cazuela de fuego, pusieron fuego sobre ella, y luego incienso sobre ella. La ofrecieron ante D´s, [pero era] fuego no autorizado, que [D´s] no les había ordenado [ofrecer]” (Vaikrá 10:1).
“Salió fuego de delante
de D´s, y los consumió, de modo que murieron delante de D´s” (Vaikrá 10:2)
Los hijos de Aarón
llevaron un fuego que no era el apto. Quisieron aparentar algo que no
era. En un mundo donde las apariencias externas parecen importar más que la
esencia interior, debemos recordar lo que les pasó a ellos para no perecer en
nuestros sueños.
Podemos tener la mejor
ropa, el mejor auto, el departamento más lujoso, pero si por dentro somos malas
personas, toda la apariencia que demos, tarde o temprano será descubierta.
No es casualidad que también
leamos sobre las leyes alimentarias en referencia a qué es kosher y que no. En
otras palabras, qué alimentos son aptos o no para el consumo de acuerdo
a nuestra tradición. ¿Qué ocurre si una persona come un alimento no kosher? ¿Se
muere? La respuesta es obvia: no. ¿Y entonces por qué reglamentar la comida? Porque
es una forma de generar igualdad. Todos deben seguir el mismo patrón a la hora
de comer. No hay quien coma cerdo y quien no por dar un ejemplo. Ninguno lo
come. Limita las posibilidades acerca las posiciones.
Y el término kosher también
se utiliza para decir que algo es puro.
¿Somos kosher por fuera
y por dentro? ¿El fuego de nuestro judaísmo es de acuerdo a lo indicado por D´s?
¿Somos conscientes que nuestra identidad se basa en hacer y en ser kosher?
Siempre pensé que hay
algo más sobre el animal que rumea y tiene la pezuña partida para considerarlo kosher.
Rumiar es masticar más de una vez, lo que nos lleva a no ser impulsivos. A
contar hasta diez antes de actuar. Y a su vez, la pezuña partida nos da un pequeño
espacio en nuestra huella. Es decir que nuestra pisada no es absoluta, sino que
necesitamos de algo más para complementarla. Si fuera pezuña completa sería
soberbia.
Dicen nuestros sabios
que la raíz hebrea para cerdo (jazir) es la misma que para la palabra
volver (lajazor). Es decir, se espera que el cerdo empiece a rumiar para
ser kosher.
Quiera D´s que este
Shabat podamos volver a mirarnos al espejo para ver cuánto de kosher somos
tanto por fuera y por dentro y mejorar nuestra persona para construir un mundo
mejor, un mundo más apto.
Shabat Shalom
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