lunes, 18 de agosto de 2025

Ree 5785

En la parashá de esta semana encontramos un pasuk que impacta profundamente. Dice la Torá en Devarim 13:6: “Y ese profeta o soñador de sueños deberá morir, porque habló rebelión contra D´s el Señor de ustedes…”. A primera vista sorprende la dureza de esta orden. ¿Por qué tanta severidad? No se trata de un asesino ni de un soldado enemigo. No levantó un arma ni derramó sangre. Lo único que hizo fue hablar, presentar un discurso, compartir un sueño. Y, sin embargo, la Torá lo considera un peligro tan grande que debe ser eliminado.

La respuesta está en que las palabras, cuando son manipuladas, tienen un poder destructor enorme. El falso profeta no mata con cuchillos ni con espadas, pero sí hiere el alma del pueblo. Con palabras bonitas y sueños engañosos logra que la gente dude, que se confunda, que se aleje del camino de D´s. Y cuando el vínculo con el Creador se debilita, toda la estructura moral de la sociedad se tambalea. El falso profeta siembra en el corazón de las personas la semilla de la idolatría, del engaño, de una vida sin dirección. Y de esa semilla brota finalmente violencia, corrupción y pérdida de valores.

Esto no es solo historia antigua. En nuestros días seguimos viendo falsos profetas disfrazados de líderes, de ideólogos, de revolucionarios. Personas que dicen tener una visión, que presentan un discurso de justicia, de grandeza o de redención, pero cuyo verdadero objetivo es sembrar miedo, odio y destrucción. El terrorismo moderno es la mejor comparación: detrás de su lenguaje de “causa” y “resistencia” lo único que se esconde es fanatismo e idolatría. Idolatría no necesariamente de estatuas, sino de ideologías absolutas que convierten el odio en religión y la violencia en misión.

El falso profeta de la Torá y el terrorista contemporáneo se parecen más de lo que pensamos. Ambos buscan manipular las emociones, ambos reclaman fidelidad ciega, ambos llaman a sacrificar vidas humanas en nombre de un dios falso o de una idea falsa. Y por eso la Torá es tan contundente: no escuchar, no ceder, no dejar que su voz gane terreno en nuestros corazones.

La enseñanza es clara. Frente a quienes destruyen con palabras y con bombas, nuestra respuesta no puede ser solo militar o de seguridad. La respuesta más profunda y más poderosa es espiritual y moral. El pueblo de Israel siempre respondió de la misma manera: con más vida, con más luz, con más fe. Cada Shabat que celebramos, cada vela que se enciende en los hogares judíos, cada palabra de Torá que se estudia, cada acto de tzedaká y de jesed, es nuestra forma de derrotar al falso profeta y al terrorista. Ellos buscan oscuridad, nosotros encendemos luz. Ellos buscan miedo, nosotros proclamamos esperanza. Ellos proclaman muerte, nosotros santificamos la vida.

El desafío no es solo identificar a los falsos profetas y terroristas externos, sino también vigilar que no aparezcan dentro de nosotros voces internas que nos quieren desviar, que nos susurran “no vale la pena”, que nos empujan a alejarnos de D´s y de nuestras raíces. La lucha es también interna, en el corazón de cada uno, para elegir siempre la fidelidad a la vida y a la verdad.

Así como la Torá nos llama a tener claridad moral frente al falso profeta, también hoy debemos tener claridad frente a las ideologías que justifican el terror, la corrupción o la deshumanización. Y la manera de mantener esa claridad es aferrándonos al Shabat, a la Torá, a los valores eternos que nos enseñan a distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre lo que da vida y lo que destruye.

Quiera D´s que sepamos siempre reconocer a los falsos profetas de nuestro tiempo, que tengamos la fortaleza de no dejarnos seducir por discursos que prometen grandeza, pero siembran destrucción, y que seamos capaces de responder al odio con más fe, más amor y más mitzvot. Quiera D´s que pronto veamos un mundo en el que las voces del fanatismo y del terror sean acalladas, y en su lugar reine la voz de la verdad, la justicia y la paz. Y que podamos vivir, junto con todo Am Israel y todas las naciones, en un mundo lleno de vida, de esperanza y de paz.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein 

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