lunes, 25 de agosto de 2025

Shoftim 5785

En la parashá de esta semana, Shoftim, la Torá nos entrega una enseñanza que atraviesa los siglos y sigue siendo sorprendentemente actual. En el capítulo 20 de Devarim leemos: “Cuando te acerques a una ciudad para combatir contra ella, le proclamarás la paz. Y si responde paz y abre sus puertas, todo el pueblo que en ella se hallare te será tributario y te servirá. Mas si no hace paz contigo, sino que te hace guerra, entonces la sitiarás.”

Estos versículos expresan una idea fundamental: incluso en el contexto de la guerra, la primera opción debe ser siempre la paz. La guerra no es glorificada ni buscada; es aceptada solo cuando no queda otra alternativa. Israel tiene la obligación de ofrecer el diálogo antes de levantar la espada, y solo si el enemigo rechaza esa oferta y elige la violencia, entonces el pueblo está autorizado a defenderse. La defensa, por tanto, se presenta como una mitzvá, un mandato sagrado de cuidar la vida.

Este principio bíblico encuentra un reflejo directo en la realidad contemporánea del Estado de Israel y sus Fuerzas de Defensa, el Tzahal. A lo largo de su historia, Israel ha buscado acuerdos con sus vecinos, ha extendido la mano, ha firmado tratados y ha expresado de manera constante el deseo de convivir en paz. Sin embargo, cuando esos intentos han sido rechazados y el pueblo ha sido amenazado, el ejército ha debido responder con firmeza para proteger la vida y garantizar la continuidad de nuestra nación.

El Tzahal no es un ejército de agresión, sino de protección. Su misión principal es salvaguardar la existencia del pueblo judío en su tierra. Incluso en el campo de batalla, la ética guía su accionar a través del código conocido como “Toar HaNeshek” (Pureza de las armas), que exige minimizar el daño, distinguir entre combatientes y civiles y usar la fuerza con responsabilidad. Este compromiso refleja el mismo espíritu de la Torá: primero la paz, pero si la paz es rechazada, la defensa se convierte en obligación.

Nuestros sabios también nos enseñan la centralidad de la paz. El Midrash relata que Aarón, el hermano de Moshé, “amaba la paz y la perseguía, amaba a las personas y las acercaba a la Torá”. Cuando veía dos personas peleadas, no se quedaba quieto: iba a una, hablaba en nombre de la otra, resaltaba lo bueno, y luego hacía lo mismo con la otra parte, hasta que finalmente ambos se reconciliaban. De esta forma, Aarón traía shalom al pueblo. Si esto hacía un ser humano entre individuos, cuánto más el pueblo de Israel debe buscar la paz entre naciones.

Pero el mismo Midrash enseña que la paz verdadera no es ingenuidad ni debilidad. La paz requiere fuerza, voluntad y a veces la capacidad de defenderse con firmeza. Así como Aarón no se rendía hasta ver reconciliación, también Israel no renuncia a la búsqueda de paz, pero entiende que cuando la otra parte rechaza la mano extendida y elige la guerra, entonces es necesario proteger la vida como lo manda la Torá.

Shoftim nos recuerda que el ideal es la paz, pero que no puede existir paz sin seguridad. La verdadera justicia se alcanza cuando el pueblo vive protegido y puede dedicar sus fuerzas a construir, enseñar, sembrar y soñar.

Quiera D´s que llegue muy pronto el día en que ya no tengamos que hablar de ejércitos ni de guerras, que el mundo entero aprenda de Aarón a amar y perseguir la paz, y que Israel viva seguro en su tierra rodeado de vecinos con quienes compartir no solo fronteras, sino amistad y entendimiento.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein

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