martes, 17 de julio de 2018

Devarim


Comenzamos el último libro de la Torá e inmediatamente notamos una narración completamente distinta a los cuatro predecesores: “Éstas son las palabras que Moshé le habló a todo Israel” (Devarim 1:1).

No figura “Di-s le habló a Moshé” sino que el relato está en primera persona. Es el relato de Moshé, de lo que él vivió y sintió. Por eso el nombre de este libro, en español, es Deuteronomio: La segunda ley.

Pero no segunda ley en detrimento de la primera, sino como recordatorio y enseñanza. La ley había sido entregada en el Sinaí y ahora era escuchada por una generación distinta. Por una generación que vagó cuarenta años antes que Di-s le permitiera entrar a la Tierra “[que] juró que les daría a sus padres, Abraham, Itzjak y Yaakov, y a sus descendientes después de ellos”. (Devarim 1:8)

Y no son pocos los descendientes. Para graficarlo Moshé dice “Di-s su Señor ha acrecentado sus números hasta que son [ahora] tantos como las estrellas del cielo.” (Devarim 1:10).

Si bien sabemos que el número de estrellas es infinito, lo que se nos quiere enseñar es que cada judío brilla con luz propia. Así también como se dice que cada estrella es el centro de una galaxia nosotros somos el centro de nuestro propio sistema solar. Al formar nuestras familias damos nuestra luz y nuestro calor como un sol, como una estrella.

Y al ser estrellas estamos inmersos en el universo que lo representa Di-s.

Nunca sabremos si puede haber universo sin estrellas, pero es seguro que no puede haber estrellas sin universo. No podríamos existir sin la presencia de Di-s.

Y las estrellas se encuentran separadas pero vistas desde lejos forman constelaciones. Las constelaciones podrían representar nuestras kehilot.

Y las estrellas también se encuentran separadas como estamos nosotros dispersos en el mundo.

No es en vano esta comparación como tampoco otras que ha habido en los libros anteriores donde hemos sido como la arena del mar.

Pero ¿era necesario hacer las comparaciones? ¿No erá más fácil decirlo directamente?

Si Di-s nos hubiera entregado la Torá con un texto de manera sencilla seríamos unos tontos que repetiríamos de memoria cada pasuk (versículo). La mejor manera de entender sus palabras es por medio de la comparación.

¿Por qué?

Porque no necesitamos intermediarios para comprenderlas. En el judaísmo la relación del hombre con Di-s es de manera directa y privada. Por eso la comprensión de la Torá es subjetiva, por eso la comparación: para que podamos tener una idea en nuestra mente de lo que el texto quiere mostrar. Para que brillemos con luz propia al intentar entender las palabras.

Por eso Di-s no nos dice “van a ser un pueblo numeroso de tanta cantidad de habitantes”. Al contrario, nos enfoca en las estrellas porque para cada uno tiene un número distinto.

Igualmente seamos muchos, muchísimos o un montón, debemos seguir brillando. Di-s nos entregó la Torá, cuya raíz es la palabra “Or”: luz.

La luz brilla en la oscuridad. El Pueblo de Israel brilla. Tiene luz propia y es una luz para todas las naciones del mundo.

Y en constelaciones brillamos más. Te invito a la mía para santificar juntos el Shabat y brillar más fuertes que nunca.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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