En la Parashá de esta semana Moshé delante de todo
el Pueblo de Israel pronuncia las palabras que cualquier judío, independientemente
si es ortodoxo, conservador o reformista, inclusive en el rincón más recóndito
del planeta, conoce: El Shemá.
¿Qué es lo que lo hace tan importante? Qué es
nuestro reconocimiento a Di-s como único y como creador de todo. Es nuestra afirmación
y nuestro convencimiento de que Él existe. Solemos hacerlo con las manos
cubriendo nuestros ojos en señal de concentración y respeto por lo que decimos.
Además, si tenemos puesto el Talit solemos también acercarlos a nuestros ojos
para recordar las 613 mitzvot que hay en la Torá.
¿Cómo con los tzitzit recordamos tantas mitzvot?
Para eso tenemos que recurrir a la guematría que nos indica que cada letra
hebrea tiene un valor numérico. La palabra tzitzit suma 600. Si
agregamos a esta suma los ocho hilos y cinco nudos que conforman cada fleco de
las cuatro puntas, obtenemos un total de 613.
Una vez que sabemos cómo
recitarlo, debemos decir:
“Escucha Oh Israel, Adonai es nuestro Dios, Adonai
es único” (Devarim 6:4)
Y la primera palabra es escuchar, no oír. Escuchar
va más allá del ingreso de un sonido por nuestros oídos. Implica poner atención
en lo que se oye. Si escuchamos que Adonai es nuestro Di-s sabremos que es
único.
En la brajá que precede al Shemá, y que también se
encuentra a continuación nos dice: “Enséñalas a tus hijos y habla
de ellas cuando estés en tu hogar, cuando viajes en el camino, cuando te
acuestes y cuando te levantes” (Devarim 6:7)
El amor a Di-s no se impone por la fuerza, sino con
la palabra. El judaísmo no te obliga a amar a Di-s en contra de tu voluntad; no
te obliga a convertirte por la fuerza.
Es mediante la palabra donde encontramos el amor a
Di-s.
Y es mediante la enseñanza a nuestros hijos donde
transmitimos nuestras leyes y costumbres. El Shemá incentiva el diálogo entre
padres e hijos. Preguntas tales como ¿por qué debemos decirlo? ¿cuándo?, son algunos
ejemplos que pueden darse en una mesa familiar.
Otra mitzva referente al Shemá es recitarlo al
acostarnos y al levantarnos. Al acostarnos para agraderle a Di-s el habernos
permitido vivir un día más y al levantarnos por permitir ver la maravilla de su
creación otro día más. Es como cuando recitamos el Hashkiveinu “Haznos dormir
en paz y levantarnos con vida para vivirla a pleno”.
Di-s también nos recuerda que Él quien nos sacó de
la Mitzraim, tierra de esclavitud, para llevarnos a la Tierra de Israel.
Una vez que entendemos la importancia del Shemá nos
queda claro al principio de la Parashá cuando Di-s nos ordena “No
hagan adiciones a la palabra que les estoy ordenando, y no hagan de ella
sustracciones” (Devarim 4:2)
Sólo entendiendo que Di-s es único y que nos ha
regalado algo tan maravilloso como es nuestra vida, nos permite seguir adelante
sabiendo que tenemos quien nos cuida.
La mejor forma de agradecérselo es sólo con muy
poco tiempo al amanecer y al anochecer. Parece poco, pero sus implicancias son
infinitas y es una buena forma de comenzar.
¿Te animás a recitarlo hoy?
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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