martes, 24 de julio de 2018

Vaetjanan


En la Parashá de esta semana Moshé delante de todo el Pueblo de Israel pronuncia las palabras que cualquier judío, independientemente si es ortodoxo, conservador o reformista, inclusive en el rincón más recóndito del planeta, conoce: El Shemá.

¿Qué es lo que lo hace tan importante? Qué es nuestro reconocimiento a Di-s como único y como creador de todo. Es nuestra afirmación y nuestro convencimiento de que Él existe. Solemos hacerlo con las manos cubriendo nuestros ojos en señal de concentración y respeto por lo que decimos. Además, si tenemos puesto el Talit solemos también acercarlos a nuestros ojos para recordar las 613 mitzvot que hay en la Torá.

¿Cómo con los tzitzit recordamos tantas mitzvot? Para eso tenemos que recurrir a la guematría que nos indica que cada letra hebrea tiene un valor numérico. La palabra tzitzit suma 600. Si agregamos a esta suma los ocho hilos y cinco nudos que conforman cada fleco de las cuatro puntas, obtenemos un total de 613.

Una vez que sabemos cómo recitarlo, debemos decir:

“Escucha Oh Israel, Adonai es nuestro Dios, Adonai es único” (Devarim 6:4)

Y la primera palabra es escuchar, no oír. Escuchar va más allá del ingreso de un sonido por nuestros oídos. Implica poner atención en lo que se oye. Si escuchamos que Adonai es nuestro Di-s sabremos que es único.

En la brajá que precede al Shemá, y que también se encuentra a continuación nos dice: “Enséñalas a tus hijos y habla de ellas cuando estés en tu hogar, cuando viajes en el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Devarim 6:7)

El amor a Di-s no se impone por la fuerza, sino con la palabra. El judaísmo no te obliga a amar a Di-s en contra de tu voluntad; no te obliga a convertirte por la fuerza.

Es mediante la palabra donde encontramos el amor a Di-s.

Y es mediante la enseñanza a nuestros hijos donde transmitimos nuestras leyes y costumbres. El Shemá incentiva el diálogo entre padres e hijos. Preguntas tales como ¿por qué debemos decirlo? ¿cuándo?, son algunos ejemplos que pueden darse en una mesa familiar.

Otra mitzva referente al Shemá es recitarlo al acostarnos y al levantarnos. Al acostarnos para agraderle a Di-s el habernos permitido vivir un día más y al levantarnos por permitir ver la maravilla de su creación otro día más. Es como cuando recitamos el Hashkiveinu “Haznos dormir en paz y levantarnos con vida para vivirla a pleno”.

Di-s también nos recuerda que Él quien nos sacó de la Mitzraim, tierra de esclavitud, para llevarnos a la Tierra de Israel.

Una vez que entendemos la importancia del Shemá nos queda claro al principio de la Parashá cuando Di-s nos ordena “No hagan adiciones a la palabra que les estoy ordenando, y no hagan de ella sustracciones” (Devarim 4:2)

Sólo entendiendo que Di-s es único y que nos ha regalado algo tan maravilloso como es nuestra vida, nos permite seguir adelante sabiendo que tenemos quien nos cuida.

La mejor forma de agradecérselo es sólo con muy poco tiempo al amanecer y al anochecer. Parece poco, pero sus implicancias son infinitas y es una buena forma de comenzar.

¿Te animás a recitarlo hoy?

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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