martes, 3 de julio de 2018

Pinjás


Esta semana leemos sobre Majlá, Noáh, Jaglá, Milcá y Tirtzá, hijas de Tzelafjad, quienes van a ver a Moshé por las leyes sobre la distribución y herencia de la tierra.

Pero dentro de su petición hay una frase que me llamó la atención “más murió por causa de su propio pecado” (Bamidbar 27:3).

Es decir, ¿son los hijos culpables de lo que hacen sus padres? ¿tienen que cargar con esa mochila en sus espaldas? ¿es justo que por portación de apellido sea uno señalado dentro de la sociedad?

La verdad que no. Los pecados no se heredan. Sólo es una carga para nosotros si la sentimos como tal. El juzgamiento es como un regalo que no se acepta, vuelve a quien lo otorga.

Además, el texto habla del pecado, no nos dice cuál es. Una interpretación nos dice que quiso invadir Canaan luego del pecado de los espías y fue muerto por los canaaneos por no contar con la bendición de Di-s. Otra interpretación es que Tzelafjad era el hombre anónimo que se menciona en la Parasha Shlaj (Bamidbar 15:32 a 15:36) que había sido ejecutado por recolectar madera en Shabat.

En ambos casos, Tzelafjad no buscaba obtener beneficio del pecado en sí mismo. En el primero intentó enmendar el error de los espías mientras que, en el segundo, para probar que quienes hablaban de transgredir el Shabat estaban equivocados, mostró con su propia vida que no se podía hacer.

Y esta acción de pecar por un bien mayor lo vemos al principio del texto vemos como Pinjás, nieto de Aaron, hijo de Eleazar, cansado de ver como se idolatraba a Baal Peor, asesina al príncipe de la tribu de Shimón, Zimrí, y a la princesa Midianita Cazbí.

Viola el mandamiento de “No cometas asesinato” para santificar el de “No tengas ningún otro dios delante de Mí”.

¿Tanto nos horrorizamos por lo que hizo Pinjás? ¿Está bien asesinar a otra persona por no creer en Di-s? En cierto sentido todos somos Pinjás. Nos rodeamos con gente que tiene nuestras mismas creencias, nuestras costumbres o alguna afinidad y nos apartamos o lanzamos una lanza imaginaria a quienes son distintos.

Asesinamos, en un sentido figurado, a quienes no son como nosotros.

Dios por un lado lo castiga, pero por el otro lado lo premia, de la misma forma que hizo con Tzelafjad.

Castiga a Pinjás cuando Moshé designa a Yehoshua como su sucesor para dirigir la entrada del Pueblo de Israel a la Tierra Prometida. Castiga a Tzelafjad con su vida.

Premia a Pinjás otorgándole el status de Cohen. A pesar de ser descendiente de Aaron no era Cohen porque cuando a Aaron y su progenie a partir de ese momento fueron designados Cohanim Pinjás ya había nacido y por consiguiente esa ley no era retroactiva. Premia a Tzelafjad al decir “Que la propiedad hereditaria de su padre pase de este modo a ellas” (Bamidbar 27:7)

Es nuestro deber defender a Dios como lo hizo Pinjás pero debemos seguir los Mandamientos al pie de la letra. El ir en contra de la voluntad de Di-s se mide siempre de igual manera.

Aún ante una amenaza extrema preservar la vida incluso de quienes nos atacan es un acto de valor mucho más grande que atravesarlos con nuestras lanzas sean reales o simbólicas.

Esperemos pronto dejar de usar nuestras lanzas y podamos santificar al Eterno como el Cohen lo hacía en aquellos días y tener en el mundo venidero nuestra porción de tierra tan deseada.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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