lunes, 15 de septiembre de 2025

Nitzavim 5785

En Parashat Nitzavim escuchamos:

“Hoy están todos ustedes de pie ante D´s su Señor” (Deuteronomio 29:9).

La Torá enumera a todos: desde los jefes de tribus hasta los simples aguateros. Nadie queda afuera. La lección es clara: la relación con D´s y la responsabilidad por el destino del pueblo de Israel no son privilegio de unos pocos, sino una tarea compartida por todos.

Pero el texto añade una advertencia seria:

“Quizás haya entre ustedes hombre o mujer… cuyo corazón se aparte hoy de D´s… y suceda que, al oír las palabras de esta maldición, se bendiga en su corazón diciendo: ‘Tendré paz, aunque ande en la terquedad de mi corazón’” (Deuteronomio 29:17-18).

Es decir, puede haber quien se autoengañe: alguien que elige apartarse de la verdad, convencido de que aun así estará en paz. La Torá revela la peligrosa arrogancia de pensar que la justicia es relativa y que cada uno puede inventar su propia moral aunque contradiga la verdad.

El Talmud en Shabat 54b nos dice: “Todo aquel que tiene la posibilidad de protestar contra el mal de su casa y no lo hace, es responsable por el pecado de su casa; si podía protestar contra el mal de su ciudad y no lo hizo, es responsable por el pecado de su ciudad; si podía protestar contra el mal del mundo entero y no lo hizo, es responsable por el pecado del mundo entero.”

Este pasaje nos recuerda que callar frente a la injusticia equivale a ser cómplice. No alcanza con decir: “yo estoy en paz”, mientras otros sufren violencia.

Y así, nuestras fuentes se conectan con lo que vivimos hoy. Cuando Israel es atacado por Hamas, una organización cuyo objetivo declarado es la destrucción del pueblo judío, muchos en el mundo callan. Otros, todavía más, acusan a Israel por defenderse. En lugar de protestar contra el terror, lo encubren bajo discursos de falsa moral. Es exactamente lo que la Torá describe: “Tendré paz, aunque camine en la terquedad de mi corazón.” Una ilusión de justicia que en verdad abandona el pacto de la verdad y la vida.

La parashá también nos dice que este pacto no es solo para esa generación:
“No solamente con ustedes hago yo este pacto… sino también con el que no está aquí hoy con nosotros” (Deuteronomio 29:13-14).

Cada generación de Am Israel está incluida. Cada uno de nosotros, hoy, tiene el deber de pararse firme, como “nitzavim”, y no dejarse arrastrar por la indiferencia ni por la distorsión de la verdad.

El mensaje es poderoso: no basta con sobrevivir; debemos ser una voz clara de justicia. La Torá y el Talmud nos enseñan que callar o justificar al mal nos hace parte de él. Por eso, como pueblo, no podemos avergonzarnos de defender nuestra vida, nuestra tierra y nuestra dignidad.

Quiera D´s que sepamos mantenernos firmes como en Nitzavim, unidos en el pacto eterno de nuestro pueblo. Quiera D´s que no nos dejemos engañar por voces que buscan invertir la verdad y culpar a las víctimas. Y quiera D´s que pronto veamos un mundo en el que Israel pueda vivir en paz y seguridad, y en el que todas las naciones reconozcan la diferencia entre quienes destruyen y quienes buscan construir, entre quienes odian y quienes anhelan la paz verdadera.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein

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