En Parashat Vaielej,
Moshé, en sus últimos días, transmite al pueblo una de las promesas más
trascendentales: “Porque tú serás quien lleve a este pueblo a la tierra que D´s
juró a sus padres que les daría” (Devarim 31:7). Estas palabras no son un
simple anuncio de un destino geográfico, sino la confirmación de un pacto
eterno entre D´s y el pueblo de Israel. La Tierra de Israel no es un invento
moderno, ni un accidente de la historia, sino la realización de una promesa
divina hecha a Abraham, Itzjak y Yaakov, y repetida a lo largo de toda la Torá.
Más adelante, la
parashá añade: “Ahora escriban para ustedes este canto y enséñenselo a los
hijos de Israel” (Devarim 31:19). El Talmud en Sanedrín 21b enseña que de aquí
aprendemos la mitzvá de que cada judío escriba un Sefer Torá. ¿Por qué justo en
este momento, cuando Moshé habla de la entrada a la tierra, aparece este
mandato? Porque la Torá es el testimonio de nuestra legitimidad en la tierra.
No basta con poseer la tierra físicamente, debemos llenarla de sentido
espiritual, de Torá y mitzvot, para que nuestra presencia allí refleje la
voluntad divina. El “canto” de la Torá es eterno, y es ese canto el que refuta
a quienes niegan nuestra conexión con la tierra.
El Talmud en Ketuvot
110b agrega que “cualquiera que habite en la Tierra de Israel es como si
tuviera un D´s, y cualquiera que habite fuera de ella es como si no lo
tuviera”. Con esto los sabios no niegan la presencia de D´s en la diáspora,
sino que enfatizan que en la Tierra de Israel la relación con el Creador se
experimenta de manera más plena, más tangible. La tierra y el pueblo son
inseparables, pues Israel, la Torá y la Tierra de Israel forman una tríada que
sostiene nuestra existencia a lo largo de la historia.
Y así, cuando en
nuestros días se duda de la legitimidad de Israel, recordamos que la promesa de
D´s antecede a cualquier declaración política. “Desde el río hasta el mar”
—frase que en su sentido espiritual habla de la conexión eterna entre nuestro
pueblo y la tierra— lamentablemente ha sido apropiada en el discurso público
por algunos activistas y ciertos grupos palestinos como llamada política que
niega la existencia del Estado de Israel e, implícita o explícitamente en
ocasiones, amenaza con su reemplazo; por ejemplo, ha sido utilizada por
organizaciones que abogan por un estado palestino sobre todo el territorio
donde hoy existe Israel y las áreas palestinas. Esta apropiación política
convierte un recuerdo bíblico en un eslogan que para muchos judíos suena a
negación y peligro, y por eso debemos nombrarlo con verdad y prudencia. Nuestra
misión no es solo defender la tierra con palabras o con fuerza, sino vivir en
ella con santidad, demostrando que somos sus legítimos guardianes al cumplir la
voluntad divina dentro de sus fronteras.
Quiera D´s que siempre
sepamos apreciar el regalo de la Tierra de Israel, que tengamos la fuerza y la
fe para defenderla con dignidad, que vivamos con la luz de la Torá en cada paso
que damos sobre ella, y que pronto veamos la redención completa, con paz y
alegría en Ierushalaim, pronto en nuestros días, amén.
Shabat Shalom!
Lucas Fisbein
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