lunes, 19 de octubre de 2015

Lej Lejá

Leemos esta semana sobre los dos hijos que tuvo Abraham. A simple vista son dos medios hermanos que como ocurrió con todos los hermanos hasta Efraim y Menashé no se llevaban bien.

Pero hay que ahondar en el origen de cada uno para entender el por qué de esta relación.
La gestación de Ishmael se dio por pedido de Sara  “Dios me ha impedido tener hijos. Ven a mi esclava, y quizá tenga yo hijos a través de ella.”  (Génesis 16:2) y “Abram vino a ella (Hagar), y ella concibió” (Génesis 16:4). Fue una gestación natural como la de cualquier ser humano.

Las leyes naturales son nuestra forma de interpretación lógica y racional de la voluntad de Dios. Si la concepción desde un punto de vista natural es la unión de un espermatozoide y un óvulo, desde el punto de vista de la voluntad divina es cómo se crea vida a través de esa unión.

Las leyes naturales nos enseñan las consecuencias mientras que si buscamos entender la voluntad de Dios nunca podremos responder el cómo. ¿Cómo a partir de esa unión de forma un embrión?

Itzjak fue concebido por la voluntad de Dios. “Yo la bendeciré (a Sara), y haré que te dé un hijo” (Génesis 17:16).

Si bien todas las gestaciones son por voluntad de Dios en el caso de Ishmael se antepuso el hombre mientras que en el de Itzjak fue Dios antes quien tomó la decisión.

Esto nos enseña que la voluntad de Dios se antepone a lo que es natural.

Dios no quiere que nos adelantemos a su voluntad. El pacto con Abraham (Brit Milá) no fue antes del nacimiento de Ishmael. Si “Ishmael tenía trece años de edad cuando la carne de su prepucio fue circuncidada” (Génesis 17:25) significaba que tuvo 13 años que vivió alejado de Dios.

El resultado comparado con Itzjak fue el mismo. Ambos fueron circuncidados. Sólo que quien fue concebido por la voluntad de Dios fue beneficiado mucho antes.

La voluntad de Dios fue que Abraham deje todo y siga hacia la tierra que Dios le mostraría. Probablemente no hubiera podido seguir en la casa de Teraj y la hubiera dejado más adelante.

Gracias a que se dejó guiar por la voluntad divina llegamos a ser la gran nación que nunca pudo ser destruida.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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