Vezot Habrajá
Terminamos el texto de la Torá leyendo sobre la muerte de Moshé quien fuera el hombre más humilde sobre la tierra.
¿Qué persona sabiendo que va morir decide dar bendiciones? Y más aún bendiciones que no son para sus familiares.
Y surge una pregunta interesante sobre esta última parashá: Si Moshé murió y habla que Dios mismo fue quien lo enterró, ¿quién escribió esta porción?
Poco nos importa si fue Moshé sabiendo lo que sucedía o Yehoshua quien la terminó. Lo que realmente importa es que Moshé fue un mensajero de Dios, trasmitió su palabra y no la tomó como propia.
Moshé no fue una persona que se proclamó como el dueño de la verdad por su condición de profeta.
Fue humano. Sintió ira. Rompió las tablas sobre un pueblo que adoraba a un becerro de oro luego de escuchar que no había otros dioses sino sólo el Eterno.
Sintió ira en Merivá cuando golpeó dos veces la bara contra la roca y quedó sentenciado a quedarse fuera de la Tierra de Israel.
No sintió ira al momento de su muerte. Bendijo a las doce tribus como lo había hecho Yaakov a sus hijos antes de morir.
No sintió ira al momento que Dios le muestra toda la tierra a la que no podía entrar.
Murió solo, en lugar que nadie sabe para que no sea adorado.
El hombre que lideró la liberación de Egipto, que siguió firmemente las palabras de Dios y la última persona en ver a Dios directamente.
Terminamos la Torá con la palabra Israel e inmediamente comenzamos con la palabra Bereshit.
Dios creo que el mundo para que al llegar al final de camino sea santificado por el Pueblo de Israel.
¡Jazak Jazak Venitjazek!
Lucas Fisbein
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