lunes, 12 de octubre de 2015

Noaj

“El mundo era corrupto ante Dios, y la tierra estaba colmada de crimen” (Génesis 6:11). Cualquier similitud con nuestra realidad circundante no es casualidad. Lo que nos demuestra el texto de esta semana es que la Torá es atemporal. Por eso la leemos una y otra vez en busca de significados porque a Dios nada se le escapa.

En aquél entonces no era diferente del ahora. No sólo la gente era corrupta ante Dios sino que además lo veían con buenos ojos. Y el verlo con buenos ojos implica mostrárselo a los demás y generar un círculo vicioso.

Esto es la consecuencia del problema. Muchos lo ven como el problema pero no es así. El verdadero problema somos nosotros que nos corrompemos y no nos damos cuenta. No apagamos el celular en Shabat, nos olvidamos de hacer Kidush y no sentimos culpa por ello.

Y una pregunta que me viene a la mente es ¿seríamos capaces de construir nuestra propia arca dejando todo lo corrupto afuera y encerrando con nosotros las “especies” que sobrevivirían como relaciones afectivas, amistad, y otras tantas acciones en donde la interrelación entre dos personas sólo se da frente a frente?

Seguramente no. No podríamos separarnos de nuestro entorno. En la película Matrix Morpheus le dice a Neo que “hay gente  tan desesperadamente dependiente del sistema, que lucharían para protegerlo”.

Noaj no era dependiente del sistema. Noaj aceptó la palabra de Dios sin omitir comentario alguno. Noaj fue sumiso ante Dios. Y esto siempre causa que se lo compare con Abraham. Cuando Dios le dijo a Abraham que iba a destruir Sodoma y Gomorra (¡sólo dos ciudades!), él hizo todo lo posible por intentar cambiarlo de opinión. No lo logró pero lo intentó. Noaj en cambio fue comunicado de la decisión de destruir el mundo y lo único que hizo fue construir un arca.

¿Existe algún relato en que Noaj intenta salvar a su semejante? ¿Le ruega Noaj a Dios que no mande el diluvio?

Noaj estaba en su Matrix. Caminaba con Dios (Génisis 9:6). Y dependía tanto de Él que olvidó que era humano y se convirtió en un programa de computación. Dios le puso el software para construir el arca y eso es lo que hizo. Necesitaba ser guiado, programado, para poder funcionar.

Noaj era un hombre justo. En palabras de la Torá un tzadik. Pero lo era en aquella época y para aquella generación. De haber sido contemporáneo de Abraham seguramente se lo hubiera descripto como una buena persona.

¿Y cuál fue su aporte a nuestra historia entonces? Que luego del Diluvio Dios hizo un pacto con él. “He puesto Mi arco iris en las nubes, y será una señal del pacto entre Mí y la tierra” (Génesis 9:13).

Cada vez que veamos un arco iris recordemos que Dios nos da otra oportunidad de seguir adelante. Qué Él está enojado con nosotros pero nos da otra chance de seguir adelante. Nos da la posibilidad de abandonar nuestra Matrix.

El arco iris es la belleza de la luz del sol entre las nubes luego de una lluvia. Es el optimismo que nos da Dios luego de una decepción.

No es en vano que gracias a Noaj Dios nos enseñó que siempre que llovió… paró.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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