“El mundo era corrupto ante
Dios, y la tierra estaba colmada de crimen” (Génesis 6:11). Cualquier similitud
con nuestra realidad circundante no es casualidad. Lo que nos demuestra el
texto de esta semana es que la Torá es atemporal. Por eso la leemos una y otra
vez en busca de significados porque a Dios nada se le escapa.
En aquél entonces no era
diferente del ahora. No sólo la gente era corrupta ante Dios sino que además lo
veían con buenos ojos. Y el verlo con buenos ojos implica mostrárselo a los
demás y generar un círculo vicioso.
Esto es la consecuencia del
problema. Muchos lo ven como el problema pero no es así. El verdadero problema
somos nosotros que nos corrompemos y no nos damos cuenta. No apagamos el
celular en Shabat, nos olvidamos de hacer Kidush y no sentimos culpa por ello.
Y una pregunta que me viene
a la mente es ¿seríamos capaces de construir nuestra propia arca dejando todo
lo corrupto afuera y encerrando con nosotros las “especies” que sobrevivirían
como relaciones afectivas, amistad, y otras tantas acciones en donde la interrelación
entre dos personas sólo se da frente a frente?
Seguramente no. No podríamos
separarnos de nuestro entorno. En la película Matrix Morpheus le dice a Neo que
“hay gente tan desesperadamente dependiente del sistema, que lucharían
para protegerlo”.
Noaj no era dependiente del
sistema. Noaj aceptó la palabra de Dios sin omitir comentario alguno. Noaj fue
sumiso ante Dios. Y esto siempre causa que se lo compare con Abraham. Cuando
Dios le dijo a Abraham que iba a destruir Sodoma y Gomorra (¡sólo dos ciudades!),
él hizo todo lo posible por intentar cambiarlo de opinión. No lo logró pero lo
intentó. Noaj en cambio fue comunicado de la decisión de destruir el mundo y lo
único que hizo fue construir un arca.
¿Existe algún relato en que
Noaj intenta salvar a su semejante? ¿Le ruega Noaj a Dios que no mande el
diluvio?
Noaj estaba en su Matrix. Caminaba
con Dios (Génisis 9:6). Y dependía tanto de Él que olvidó que era humano y se
convirtió en un programa de computación. Dios le puso el software para construir el arca y eso es lo que hizo. Necesitaba
ser guiado, programado, para poder funcionar.
Noaj era un hombre justo. En
palabras de la Torá un tzadik. Pero
lo era en aquella época y para aquella generación. De haber sido contemporáneo
de Abraham seguramente se lo hubiera descripto como una buena persona.
¿Y cuál fue su aporte a
nuestra historia entonces? Que luego del Diluvio Dios hizo un pacto con él. “He
puesto Mi arco iris en las nubes, y será una señal del pacto entre Mí y la
tierra” (Génesis 9:13).
Cada vez que veamos un arco
iris recordemos que Dios nos da otra oportunidad de seguir adelante. Qué Él
está enojado con nosotros pero nos da otra chance de seguir adelante. Nos da la
posibilidad de abandonar nuestra Matrix.
El arco iris es la belleza
de la luz del sol entre las nubes luego de una lluvia. Es el optimismo que nos
da Dios luego de una decepción.
No es en vano que gracias a
Noaj Dios nos enseñó que siempre que llovió… paró.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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