martes, 28 de abril de 2015

Ajaréi Mot-Kedoshím

Parte del texto de Kedoshim nos dice que debemos ser santos por Dios es santo. ¿Pero qué es ser santo? ¿Es ayudar a una anciana a cruzar la calle? ¿Es darle una moneda a un mendigo? Es mucho más que ello. Es el cumplimiento de las mitzvot.

Dios no nos quiere como robots. Para tener sumisión total a Dios hay otra creencia. El judaísmo nos enseña que Dios nos dio el libre albedrio para que nosotros tomemos nuestras propias decisiones.

¿Y cómo le explicamos eso a quien dice que nuestro destino ya está escrito desde que nacimos? Es sencillo. Cuando nacemos Dios tiene preparado un abanico de posibilidades que abarca todo lo que podemos hacer. A medida que nosotros decidimos qué camino tomar se van siguiendo las ramificaciones que Dios creo que para nosotros. Somos nosotros quienes decidimos qué caminos tomar pero la ruta ya fue construida de antemano por Dios.

Para ser santos Dios nos da una serie de actos que al realizarlos nos quitan del camino de la santidad. Uno de ellos es el no robar.

¿Por qué es tan grave el robo? Porque todo lo que tenemos lo tenemos gracias a que Dios dictaminó que así sea. Tomar algo que no nos pertenece es ir en contra de la voluntad divina de no poseer el objeto. Y dentro del robo podemos incluir la mentira ya que es el robo de la verdad; el asesinato, el robo de una vida.

Dios nos dice que debemos temerle. Nicolás Maquiavelo en su obra “El Príncipe” extrapola este concepto de la Torá cuando dice “Nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser temido que amado”. Primero Dios nos dice que le temamos, la parte del Shemá que nos dice “Amarás a Dios con todo tu corazón…” aparece después en nuestra Torá.

¿Y por qué he de temerle a Dios? Porque Dios en omnipresente. Si no hubiera Dios no habría vida. Y el temor infunde respeto. Temerle a Dios no es vivir con miedo por no cumplir con todas las mitzvot. Es saber que no seremos recompensados en el mundo venidero si no las cumplimos.

Y temerle a Dios es también un intento por emular su bondad. El pasuk, utilizado hasta el hartazgo por otros credos, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, nos enseña que debemos aceptar a las personas como son ya que fue Dios quien las creo. Es aceptar a nuestros semejantes con los defectos y virtudes porque si aparecieron en nuestras vidas fue porque nuestro libre albedrío nos llevó a cruzarnos con ellos en algún punto de nuestras vidas predeterminado por Dios.

Ser santos no es vestir de blanco y caerle bien a todo el mundo. Ser santos es saber que existe un Dios a quien debemos temer y amar pero por sobre todas las cosas santificar su nombre cada vez que podamos.

Si realmente amáramos al prójimo como nos amamos a nosotros mismos el mundo sería un lugar mucho mejor. Dios así lo quiere. ¿Ponemos todos un poco más de esfuerzo para lograrlo?

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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