Parte del texto de Kedoshim nos dice
que debemos ser santos por Dios es santo. ¿Pero qué es ser santo? ¿Es ayudar a
una anciana a cruzar la calle? ¿Es darle una moneda a un mendigo? Es mucho más
que ello. Es el cumplimiento de las mitzvot.
Dios no nos quiere como robots. Para
tener sumisión total a Dios hay otra creencia. El judaísmo nos enseña que Dios
nos dio el libre albedrio para que nosotros tomemos nuestras propias
decisiones.
¿Y cómo le explicamos eso a quien
dice que nuestro destino ya está escrito desde que nacimos? Es sencillo. Cuando
nacemos Dios tiene preparado un abanico de posibilidades que abarca todo lo que
podemos hacer. A medida que nosotros decidimos qué camino tomar se van
siguiendo las ramificaciones que Dios creo que para nosotros. Somos nosotros
quienes decidimos qué caminos tomar pero la ruta ya fue construida de antemano
por Dios.
Para ser santos Dios nos da una serie
de actos que al realizarlos nos quitan del camino de la santidad. Uno de ellos
es el no robar.
¿Por qué es tan grave el robo? Porque
todo lo que tenemos lo tenemos gracias a que Dios dictaminó que así sea. Tomar
algo que no nos pertenece es ir en contra de la voluntad divina de no poseer el
objeto. Y dentro del robo podemos incluir la mentira ya que es el robo de la
verdad; el asesinato, el robo de una vida.
Dios nos dice que debemos temerle.
Nicolás Maquiavelo en su obra “El Príncipe” extrapola este concepto de la Torá
cuando dice “Nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero puesto que es
difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser
temido que amado”. Primero Dios nos dice que le temamos, la parte del
Shemá que nos dice “Amarás a Dios con todo tu corazón…” aparece después en
nuestra Torá.
¿Y por qué he de temerle a Dios? Porque
Dios en omnipresente. Si no hubiera Dios no habría vida. Y el temor infunde
respeto. Temerle a Dios no es vivir con miedo por no cumplir con todas las
mitzvot. Es saber que no seremos recompensados en el mundo venidero si no las
cumplimos.
Y temerle a Dios es también un
intento por emular su bondad. El pasuk, utilizado hasta el hartazgo por otros
credos, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, nos enseña que debemos aceptar a
las personas como son ya que fue Dios quien las creo. Es aceptar a nuestros
semejantes con los defectos y virtudes porque si aparecieron en nuestras vidas
fue porque nuestro libre albedrío nos llevó a cruzarnos con ellos en algún
punto de nuestras vidas predeterminado por Dios.
Ser santos no es vestir de blanco y
caerle bien a todo el mundo. Ser santos es saber que existe un Dios a quien
debemos temer y amar pero por sobre todas las cosas santificar su nombre cada
vez que podamos.
Si realmente amáramos al prójimo como
nos amamos a nosotros mismos el mundo sería un lugar mucho mejor. Dios así lo
quiere. ¿Ponemos todos un poco más de esfuerzo para lograrlo?
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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