viernes, 3 de abril de 2015

Tzav

Hay un pasuk que nos dice que “Toda carne (de sacrificio) que entre en contacto con algo impuro no puede comerse, deberá ser quemada en el fuego…”

Esto nos enseña que la influencia externa puede cambiar la esencia de una cosa.

Este pasuk también me recuerda una antigua discusión sobre si se puede o no comer arroz en Pesaj.

El arroz no es jametz en sí mismo pues no es harina mezclado con agua y leudado más de 18 minutos.

Pero en la antigüedad, los granos de arroz eran cultivados muy cerca de los granos de trigo y a veces dificultaba su distinción o si un grano de trigo entraba por error en el saco de arroz, éste perdía su impureza.

Así como el trigo puede contaminar el arroz, una mala influencia en nuestra vida nos puede alejar de lo que somos realmente.

¿Cuántas veces escuchamos a padres quejándose por los amigos de su hijo/a? ¿Cuántas veces un pueblo es manipulado por las locuras de sus gobernantes?

Y peor aún ¿cómo darnos cuenta que estamos perdiendo nuestra pureza?

La única forma es estar seguro de lo que somos. Y para poder lograrlo Dios nos dio la Torá. Siguiendo sus mitzvot (613 parecen muchas pero cumpliéndolas no lo son) estaremos seguros de no perder nuestra pureza interna.

El arroz no es jametz pero aun así algunos no lo comen por precaución (y a la vez tradición).

Es así como debemos actuar frente a influencias que pueden parecernos extrañas. Es mejor alejarse que luego arrepentirse por no habernos dado cuenta.

Nuestra pureza es como el arroz en Pesaj. Sólo si estamos seguros de lo que somos vamos a seguir siendo puros. Pero si las influencias externas nos llenan de impureza, nuestro futuro quedará consumido en el fuego.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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