viernes, 3 de abril de 2015

Ki Tisá

Resulta interesante la necesidad del ser humano de palpar algo tangible para ver su existencia. La historia del becerro de oro no es ajeno a ello.

El becerro no fue construido originalmente para reemplazar a Dios. La idea original del Pueblo fue buscar un reemplazo para Moshé: ”Haznos un oráculo para guiarnos. No tenemos idea de qué le pasó a Moshé, el hombre que nos sacó de Egipto”.

Moshé se encontraba en el Monte Sinaí y el Pueblo estaba nervioso por su ausencia.
Hubo una sóla persona que se opuso abiertamente a esta idea, un hombre llamado Hur, que fue asesinado.

Aaron que tuvo miedo de lo que podía pasar a raíz de esto construye el becerro pero no con la idea de tener otro dios sino para calmar los ánimos.

No tuvo la repercusión que él hubiera querido. La historia juzga que fueron los erev rav (egipcios que escaparon con el Pueblo de Israel) los que gritaron “Éste, Israel, es tu dios, que te sacó de Egipto”.

Salvo los Levitas, el resto del Pueblo lo permitió.

Esto me trae a la mente una conversación en la película Star Wars donde Obi Wan le pegunta a Luke Skywaker “¿Quien es más loco? ¿El loco o el que sigue al loco?”.

Acá es lo mismo. El Pueblo era culpable por haber permitido la idolatría.

La Shejiná es impalable. Cuando Dios quiso morar con nosotros construimos el Mishkán para que Él habite ahí. El Mishkán en sí no era Dios.

El proceso de idolatría puede no ser instantáneo pero lamentablemente si no amamos a Dios muy difícilmente podamos escaparle.

¿Por qué la Torá no nos dice donde fue enterrado Moshé? Porque iríamos a su tumba y lo idolatraríamos.

Idolatría no es admirar a Messi, Justin Bieber, Violetta u otros personajes famosos. Idolatría es escuchar sus palabras y tomarlas como guía para la vida.

La Torá nos habla de este incidente para recordarnos como castiga Dios a quienes no cumplen sus mandamientos. No es para decirnos “ocurrió una vez y no volverá a pasar”.

Todos los días ante nuestros ojos hay nuevos becerros de oro. Nuestra única opción para seguir por el camino de las mitzvot es mirar hacia otro lado.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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