viernes, 3 de abril de 2015

Trumá

En esta Parashá tenemos las instrucciones para que Betzalel construya el Mishkán, el lugar sagrado donde morara la Gloria de Dios en la travesía por el desierto y hasta la construcción del Primer Beit Hamikdash.
Lo primero que se nos ordena es “tomar una donación”.
¿Cómo es que tomamos y no damos una donación? Para entenderlo tenemos que comprender primero que todas nuestras posesiones son temporales. Quien decide qué y cuánto tener de algo es Dios. De ahí que no damos algo nuestro sino que tomamos algo que Él oportunamente nos brindó y lo donamos para la causa.
Es muy fácil cumplir con la mitzvá de la tzedaka: firmamos un cheque, hacemos un depósito bancario o entregamos dinero a nuestras kehilot. En ese caso estamos dando una donación, no la estamos tomando.
Tomar una donación en nuestros días significa involucrarse, participar activamente y lograr un sentimiento de pertenencia.   
No temos que “tomar” ni un millón de dólares ni nada que parezca exagerado para demostrar algo. Dios no enseña que cada cual puede donar de acuerdo a su poder adquisitivo. Por eso para el Mishkán hay una variedad de quince materiales que abarcaban desde el oro hasta especias.
Tomar una donación en nuestros días, y con todos los problemas y pesares económicos, es un acto de grandeza espiritual asimilable a los días en el desierto.
Esto recuerda una frase en Pikei Avot atribuida a Hilel que dice: ¿Si yo no soy para mí, quién es para mí? ¿Y si yo soy para mí, qué soy yo? ¿Y si no es ahora, cuándo?.
En palabras de nuestra Parashá, ¿Si no tomo una donación, quién lo hará por mí? ¿y si yo puedo y no lo hago, qué clase de persona soy? ¿y si puedo ahora, por qué no lo hago?
El tiempo en nuestros días apremia. Las necesidades comunitarias son cada vez mayores.
Espero que tomes tu donación porque si no es ahora, ¿Cuándo?
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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