En esta Parashá tenemos las instrucciones para que Betzalel
construya el Mishkán, el lugar sagrado donde morara la Gloria de Dios en la
travesía por el desierto y hasta la construcción del Primer Beit
Hamikdash.
Lo primero que se nos ordena es “tomar una
donación”.
¿Cómo es que tomamos y no damos una donación? Para entenderlo
tenemos que comprender primero que todas nuestras posesiones son temporales.
Quien decide qué y cuánto tener de algo es Dios. De ahí que no damos algo
nuestro sino que tomamos algo que Él oportunamente nos brindó y lo donamos para
la causa.
Es muy fácil cumplir con la mitzvá de la tzedaka: firmamos un
cheque, hacemos un depósito bancario o entregamos dinero a nuestras kehilot. En
ese caso estamos dando una donación, no la estamos tomando.
Tomar una donación en nuestros días significa involucrarse,
participar activamente y lograr un sentimiento de pertenencia.
No temos que “tomar” ni un millón de dólares ni nada que parezca
exagerado para demostrar algo. Dios no enseña que cada cual puede donar de
acuerdo a su poder adquisitivo. Por eso para el Mishkán hay una variedad de
quince materiales que abarcaban desde el oro hasta especias.
Tomar una donación en nuestros días, y con todos los problemas y
pesares económicos, es un acto de grandeza espiritual asimilable a los días en
el desierto.
Esto recuerda una frase en Pikei Avot atribuida a Hilel que dice:
¿Si yo no soy para mí, quién es para mí? ¿Y si yo soy para mí, qué soy yo? ¿Y si
no es ahora, cuándo?.
En palabras de nuestra Parashá, ¿Si no tomo una donación, quién lo
hará por mí? ¿y si yo puedo y no lo hago, qué clase de persona soy? ¿y si puedo
ahora, por qué no lo hago?
El tiempo en nuestros días apremia. Las necesidades comunitarias
son cada vez mayores.
Espero que tomes tu donación porque si no es ahora,
¿Cuándo?
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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