“Pamplona. Julio 2015. Sensacional corrida de toros”. ¿Cuánta gente vamos a ver corriendo y matando animales por diversión? Seguramente muchísima.
Ahora bien expliquémosle a esta gente el texto de esta Parashá y seguramente se horrorizarán porque según ellos se sacrifican animales.
Con la destrucción del Templo los sacrificios mencionados en el texto fueron dejados de lado.
Debemos entender que no cambió la ofrenda de un animal por la oración porque el ser humano no ofrece más animales a Dios.
El cambio se produjo porque no tenemos más el lugar sagrado para llevarlos a cabo.
Ojalá pudiéramos ver el restablecimiento del Beit Hamikdash y ver cómo sería entonces.
Las ofrendas a Dios se dividían en cuatro: la voluntaria, la de paz, la del pecado y la de culpa.
Para aquella época uno de los bienes más preciados era el alimento. Ofrecer un animal a Dios equivalía a tener menos cantidad de comida. Había que restringir las raciones a futuro para poder cumplir.
Como Dios es justo le exige a cada persona de acuerdo a sus posibilidades. Quien podía ofrecía un animal, quien podía menos un ave y quien estaba con muy pocos recursos bastaba con harina.
En nuestros días recitamos la Amidá en vez de las ofrendas. Sea para agradecer o para expiar, le estamos ofreciendo a Dios el bien más escaso que nos dio y el único que no sabemos en qué medida: el tiempo.
Siempre es preferible usarlo para agradecer. Dios es benevolente con quienes reconocen su grandeza. Si lo usamos para expiar recordemos para la próxima vez cuánto nos cuesta en tiempo el deño que hemos causado.
Sacrificar animales para Dios no es algo malo ya que todo en el mundo a Él pertenece. Sacrificarlos por deporte o diversión es crimen.
Lo mismo ocurre con el poco tiempo libre que disponemos. Sino lo usamos para rezarle a Dios, ¿qué sentido tiene nuestra existencia?
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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