¿Cuántas veces escuchamos la
frase “los judíos no comen cerdo”? ¿A cuántos hemos oído decir que la razón es
la triquinosis? ¿Es tan nefasto el cerdo para no comerlo?
En esta Parashá se nos habla
de las leyes referidas al Cashrut. Que un alimento sea casher significa que es
apto para ser consumido por nosotros. Aquel que no, no es apto según nuestra
tradición.
Además, como muchas veces
ocurre, una ley dictada por Dios viene acompañada de un simbolismo e
interpretación que hay que comprender para saber que el Creador no ha dejado
nada al azar.
Para que un animal sea casher
debe ser rumiante y tener la pezuña partida. El único ejemplo que tenemos de
este caso es el cerdo.
El cerdo tiene la pezuña
partida pero no es rumiante. Su aspecto exterior es casher pero su aspecto
interior no hace impuro.
Dios nos quiere a nosotros de
una manera casher. Es decir que nuestro aspecto exterior debe estar en
concordancia con nuestro aspecto interior.
Además tenemos que ver en
nuestro ser espiritual como juega lo de ser casher. Ahí tenemos que buscar la
definición de rumiar. Según el diccionario rumiar es masticar por segunda vez.
¿Y cómo lo adaptamos a
nosotros? Masticar por segunda vez equivale a no ser impulsivos. Significa
pensar dos veces antes de actuar porque si nos dejamos llevar por nuestros
impulsos primitivos podemos lograr efectos devastadores que una segunda pasada
por nuestra mente puede detener.
¿Y la pezuña partida? Tener la
pezuña partida significa que nuestra huella no está completa. Que hay un
espacio para completarla. Es decir que nuestro pensamiento o acción no es
absoluta sino que deja una hendidura abierta para que el poder divino complete
nuestro acto. Una pisada sin hendidura sería soberbia.
Dios espera que todos seamos
casher. Nos creó pero nos dio el libre albedrío para elegir qué queremos ser.
Dicen nuestros sabios que la
raíz hebrea para cerdo es la misma que para la palabra volver. Es decir se
espera que el cerdo empiece a rumiar para ser casher.
Eso es lo que Dios espera de
nosotros. Que volvamos al grado de pureza en el que fuimos creados. Que
pensemos dos veces antes de actuar. Que nuestra huella deje siempre un hueco
para que entré la Shejiná.
Y que comer casher no es una
obligación porque la Torá lo dice. Es el cumplimiento de una mitzvá legislada
por quien mejor nos conoce: Nuestro Creador.
Y qué mejor que cumplirla no
sólo con nuestro exterior, al ingerir lo alimentos, sino con nuestro interior,
al sentir con nuestro corazón, que estamos haciendo lo correcto.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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