lunes, 13 de abril de 2015

Shminí

¿Cuántas veces escuchamos la frase “los judíos no comen cerdo”? ¿A cuántos hemos oído decir que la razón es la triquinosis? ¿Es tan nefasto el cerdo para no comerlo?

En esta Parashá se nos habla de las leyes referidas al Cashrut. Que un alimento sea casher significa que es apto para ser consumido por nosotros. Aquel que no, no es apto según nuestra tradición.

Además, como muchas veces ocurre, una ley dictada por Dios viene acompañada de un simbolismo e interpretación que hay que comprender para saber que el Creador no ha dejado nada al azar.

Para que un animal sea casher debe ser rumiante y tener la pezuña partida. El único ejemplo que tenemos de este caso es el cerdo.

El cerdo tiene la pezuña partida pero no es rumiante. Su aspecto exterior es casher pero su aspecto interior no hace impuro.

Dios nos quiere a nosotros de una manera casher. Es decir que nuestro aspecto exterior debe estar en concordancia con nuestro aspecto interior.

Además tenemos que ver en nuestro ser espiritual como juega lo de ser casher. Ahí tenemos que buscar la definición de rumiar. Según el diccionario rumiar es masticar por segunda vez.

¿Y cómo lo adaptamos a nosotros? Masticar por segunda vez equivale a no ser impulsivos. Significa pensar dos veces antes de actuar porque si nos dejamos llevar por nuestros impulsos primitivos podemos lograr efectos devastadores que una segunda pasada por nuestra mente puede detener.

¿Y la pezuña partida? Tener la pezuña partida significa que nuestra huella no está completa. Que hay un espacio para completarla. Es decir que nuestro pensamiento o acción no es absoluta sino que deja una hendidura abierta para que el poder divino complete nuestro acto. Una pisada sin hendidura sería soberbia.

Dios espera que todos seamos casher. Nos creó pero nos dio el libre albedrío para elegir qué queremos ser.

Dicen nuestros sabios que la raíz hebrea para cerdo es la misma que para la palabra volver. Es decir se espera que el cerdo empiece a rumiar para ser casher.

Eso es lo que Dios espera de nosotros. Que volvamos al grado de pureza en el que fuimos creados. Que pensemos dos veces antes de actuar. Que nuestra huella deje siempre un hueco para que entré la Shejiná.

Y que comer casher no es una obligación porque la Torá lo dice. Es el cumplimiento de una mitzvá legislada por quien mejor nos conoce: Nuestro Creador.

Y qué mejor que cumplirla no sólo con nuestro exterior, al ingerir lo alimentos, sino con nuestro interior, al sentir con nuestro corazón, que estamos haciendo lo correcto.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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